Saskia Sassen, la famosa socióloga holandesa, profesora de la universidad de Columbia en Nueva York, que fue Premio Príncipe de Asturias en 2013, estuvo en Madrid los días 24 y 25 de octubre por un doble motivo: pronunciar la conferencia inaugural del XXV Congreso de la Asociación Nacional de Geógrafos e ingresar como Académica correspondiente en la Real Academia de Ingeniería.

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En la laudatio que hice de ella en la sesión de la RAI están recogidos los grandes momentos de su trayectoria y también sus principales tesis, algunas de las cuales de enorme repercusión, como la de las ciudades globales y la del aumento de la desigualdad social y de las expulsiones de personas, empresas y lugares compatibles con el crecimiento económico.

Por ello, solo comento aquí algunas de las ideas sobresalientes de sus dos conferencias en Madrid, relacionadas ambas con el programa que ha desarrollado junto con Robert Lahman sobre Digital Formations, tipos específicos de estructuras de información y comunicación en su dimensión social y económica y que, por tanto,  se relacionan también con el poder; ahora bien, no solo con los que tienen el poder, también los que carecen de él, “powerfull and powerless”.

Conocida es la tesis de Sassen sobre el carácter “extractor” que está teniendo la economía  financiera global sobre nuestras ciudades: desde el momento en que la gentrificación (y la recesión) convirtieron a los centros urbanos y a algunos barrios en una fuente estratégica de beneficios, y a la vez en muy vulnerables, las corporaciones financieras de nuevo cuño están comprando cada vez más edificios y participando en megaoperaciones en estos lugares. No se trata para nada de la banca clásica que operaba con dinero -que tenía- a cambio de intereses; los sistemas de ingeniería financiera muy sofisticada ponen en el mercado lo que no tienen (recuérdense la crisis de las subprimes) y sus propósitos nada tienen que ver con la vivienda o con los usos urbanos, sino con la extracción de valor del espacio urbano (insistiendo en la metáfora de la depredación).  El resultado es un cada vez mayor deterioro ambiental, la destrucción de la ciudad, y la expulsión creciente de gente de rentas modestas de lo que podían ser aceptables condiciones de vida: la novedad de la gran recesión es que el proceso ha afectado incluso a los países ricos.  En un trabajo con el elocuente título de “Predatory formations dressed in Wall Street Suits and Algorithmic Maths”, publicado en Science, Technology and Society estudia cómo las hipotecas de alto riesgo fueron 27 veces más numerosas en el Bronx que en Manhattan.

“¿De quién son nuestras ciudades” y por qué deberíamos sentirnos concernidos? Se preguntaba Sassen también hace unos meses en su colaboración de The Guardian. Cada vez están más privatizadas y desreguladas. Por lo que  necesitamos recuperar “the full geography”, el conocimiento espacial completo del sector que lidera la economía.

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Hay algo en el razonamiento de Sassen que constituye un reto para la geografía. La nueva economía está muy lejos de prescindir del territorio y del espacio, lo que pasa es que crea nuevas espacialidades. Para empezar, como en caso de las ciudades, se insertan en territorios concretos, y los reconstruyen (después de desconstruirlos). Pero lo que caracteriza sobre todo a la economía global es su transnacionalidad, la creación de nuevas escalas espaciales (y nuevas fronteras). Las formaciones digitales necesitan organización, interactuación, y también espacialización: no son evidentemente artefactos físicos, pero sí artefactos electrónicos. Desde el punto de vista espacial desestabilizan totalmente la habitual jerarquía de escalas, internacional, nacional, regional y local; muchos procesos tienen un carácter multiescalar que va de lo global a lo local multiplicando autores y prácticas. Un ejemplo evidente (para no hablar solo de los mercados financieros) son las ONGs. Pero también se estudia en Digital Formations un ejemplo que me resulta particularmente interesante. Las comunidades rurales, que tienen, en el mundo global, condiciones de partida de desventaja con respecto a las ciudades, pueden resolver en parte esta situación originaria desarrollando software que les permita construir redes, redes rurales, incluso “distritos industriales virtuales”.

Saskia Sassen, en su conferencia de la RAI, suministró algunos ejemplos elocuentes de este desarrollo de transacciones laterales y horizontales. Apenas hay aplicaciones informáticas a disposición de las clases de menores ingresos que les sirvan para resolver problemas de su vida real y cotidiana. Encontramos con nuestros móviles restaurantes, spas o peluquerías, incluso empleo, pero no ayuda ante una necesidad sobrevenida. Sassen daba el ejemplo de comunidades desfavorecidas newyorkinas que habían desarrollado apps para la ayuda mutua en la recogida de niños, o en la atención a discapacitados, u otras cuestiones similares.

Sin duda con ello ilustraba el asunto tan crucial que planteaba en su conferencia: “Cómo puede la tecnología digital empoderar a trabajadores de bajo salario y barrios y comunidades desfavorecidos”.

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‘It was as if a monster had crawled into the city.’ Illustration: Hilary Koob-Sassen. The Guardian 23.12.2015

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