Saint-Denis ha sido tristemente noticia la semana del 16-21 de noviembre por el atentado contra el Stade de France y detención armada y suicidio de los terroristas autores de las terribles matanzas del 13N en París. Me ha hecho recordar, desconcertada, el taller de paisaje en el que participé en junio pasado en el marco del coloquio de presentación de resultados del II Programa “Paysage et Développement Durable” que se desarrolló en la Ile-Saint-Denis, accediendo  a través de Saint-Denis, en que tuve ocasión de enterarme de una historia territorial apasionante y para constatar el peculiar destino de esas comunas suburbanas en plena crisis de mutación tras la desindustrialización y una reciente terciarización bastante discutible.  Las resumo aquí gracias a la documentación elaborada por el Centre Scientifique et Technique du Bâtiment y la Université Paris Est que nos fue entregada a los participantes.

Saint-Denis e Ile-Saint-Denis en un meandro de la Seine, banlieue NE de París. Google Earth

Saint-Denis e Ile-Saint-Denis en un meandro de la Seine, banlieue NE de París. Google Earth

Las comunas Saint-Denis e Ile-Saint-Denis pertenecen al departamento Seine Saint-Denis, (creado en 1964 para contrarrestar el voto mayoritario comunista de toda la zona), a pocos km al Noreste del bulevar periférico de París. Saint Denis limita con la capital y es sede de la basílica del mismo nombre que le otorga una sobrecarga simbólica dentro de un territorio histórico muy significado en el centro del país. Como todo el departamento se trataba de tierras agrícolas feraces que mutaron en banlieue densa e industrial, con más del 40 % de empleo secundario, y  la construcción tras la segunda guerra mundial de grandes conjuntos de bloques abiertos de vivienda social (HLM). La desindustrialización que comenzó en los años sesenta del siglo XX, supuso la pérdida de 100.000 empleos industriales y fue dando lugar a una multiplicación de espacios abandonados y barbechos sociales; el decrecimiento solo empezó a ser compensado a finales de siglo XX con el desarrollo de los servicios, particularmente los comerciales, en la proximidad del periférico. Pero por aunque se haya recuperado el crecimiento demográfico y el empleo, lo que caracteriza a Saint-Denis es el deterioro de la situación social y urbana, la precariedad de las familias, habiéndose acentuado el desfase entre la cualificación de los residentes y la oferta de empleo, proyectándose muchos planes de remodelación que todavía no han dado frutos.

A pesar de haber desaparecido las industrias, siguen existiendo muchas instalaciones nocivas vinculadas a las grandes infraestructuras logísticas, de transporte, autopistas y ferroviarias, pero también aeroportuarias (en el límite norte del Departamento está el aeropuerto Charles de Gaulle que representa la puerta de entrada en Francia de cientos de miles de inmigrantes). Desde el punto de vista de la continuidad urbana, caracterizan a esta zona NE de la banlieue cuatro rupturas con el París central: el cinturón periférico, los alojamiento sociales (antiguos HLM), los equipamientos deportivos (el Stade de France) y educativos, y el nuevo cinturón de vidrio de las actividades terciarias. Pero como bien dice el documento en el que me apoyo, la otra gran ruptura o diferencia es la del paisaje político, ya que se trata de una región de antigua lucha obrera con fuerte voto de izquierdas y ayuntamientos comunistas.

En la actualidad son muchos los proyectos asociados a la mutación territorial y al gran mercado de suelo que se ha generado: nuevas líneas de transporte colectivo en el esquema de desarrollo del Gran Paris, creación de nuevas centralidades entre otras las universitarias y parques tecnológicos, renovación, densificación y diversificación de los tipos de vivienda, , etc. Todo ello para romper el paisaje de vivienda social, y recuperar las tramas verde e hídrica (en la jerga francesa TVB, “Trames vertes et bleues”) con la pretensión de lograr una malla natural y paisajística.

En este contexto, la isla Saint-Denis tiene en primer lugar la singularidad y la identidad que le concede su carácter insular, pero también su configuración y su significado como paisaje. Se extiende sobre 8 km de largo y apenas 200 m de ancho, resultado de la reunión de cuatro islotes a finales del siglo XIX, en un meandro del Sena, entre un brazo mayor del río al Este, franqueado por tres puentes que la unen de norte a sur a Epinay, Saint-Denis y Saint-Ouen, y otro menor, límite con otro departamento, Hauts de Seine y el municipio de Villeneuve la Garenne. La atraviesa al Sur el viaducto de la autopista A86 y al norte la vía férrea entre Gennevilliers y Epinay-sur-Seine. Su escasa altitud, 22-32 m sobre el nivel del mar, la ha mantenido históricamente a merced de las crecidas del río como en el caso de las inundaciones de 1910.

Saint-Denis

Saint-Denis

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La isla perteneció a la abadía de Saint-Denis, tuvo algunas tierras de cultivo a disposición de esta, fue un puerto de amarre frecuentado en el trayecto fluvial del bajo Sena y vivió, por no ser suficiente la producción agrícola,  de la pesca y de la lavandería. Lugar de recreo, de merenderos y bailes populares (las guinguettes), fue frecuentada y pintada por los impresionistas. Monet, Sisley y otros pintaron sus paisajes; la ciudad les ha consagrado la Promenade des Impressionistes que bordea el brazo menor del río y alcanza el gran parque boscoso del norte. La construcción de los puentes colgantes primero a Saint-Denis y Genevilliers (1856) , y después a Saint Ouen (1856) aceleró ya desde el cambio de siglo la llegada de los parisinos y de las actividades. En el siglo XX, la isla se industrializa con el acceso al tren desde Saint-Denis, multiplica su población por dos y medio (ahora 7.000 habitantes) y entre 1947 y 1999 tiene una alcaldía comunista (ahora la ocupan los Verdes). Muchas de las industrias que se instalaron son de las que no se podían instalar en el propio París, por su carácter nocivo, químicas (empezando por la sulfatos de los primeros años de siglo en el puente norte que suscitó las protestas de la población) perfumes, cementos, trabajo del mármol. Y con la industria llegan los bloques de vivienda obrera (aquí con los nombres de los dirigentes socialistas y comunistas del siglo pasado, Jean Jaurès, Maurice Thorez, Marcel Cachin…; resulta uno de los hechos más llamativos cuando se pasea por la ciudad el que haya calles y centros Lenin, Allende, etc. ).

Pero la municipalidad quiere mantener ante todo una identidad insular explícita. “Une comune, île fluviale” dice orgullosamente La web municipal, “una isla que cultiva su identidad originaria, en el corazón del río y con el río en el corazón”, para comentar inmediatamente después que es una comuna popular con vecinos de 85 nacionalidades lo que le confiere creatividad y más relaciones de las habituales. Termina la introducción a la comuna con un posicionamiento ecológico: “entre la tierra y el agua, el vegetal y el mineral”.

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Alfred Sisley. Aguas arriba de l’Ile-Saint-Denis

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Alfred Sisley. El puente de Saint-Denis a Villeneuve-la-Garenne (1872)

La situación y configuración naturales y la historia territorial, económica y social, tan cambiante y acelerada, han dado lugar a una estructura del municipio insular en cuatro partes de norte a sur, extremadamente contrastadas y bien identificables: en la punta de la isla una reserva natural para aves, accesible solo por barco; tras el puente de Epinay está el parque departamental seguido por una zona de equipamientos públicos (colegio Sisley, estadio, cementerio etc..). Después viene el sector habitado de la isla en el que se distinguen tres barrios: el Norte de vivienda colectiva y obrera; el Centro Norte, que es el del núcleo antiguo del pueblo, con casas unifamiliares tradicionales y calles arboladas; el Centro Sur con el ayuntamiento y centros sociales y comerciales, pero también más bloque de residencia popular; la última pieza es una enorme zona de antiguos depósitos y almacenes de grandes empresas como Galeries Lafayette y Pritemps, grandes vacíos industriales, baldíos en espera de nueva ocupación seguida de la otra parte habitada, el barrio Sur, mucho más depauperado que las otras zonas de viviendas: es aquí donde se piensa instalar un ecobarrio fluvial, con la misión de unir las dos partes de la ciudad.  En efecto la penúltima pieza de este desarrollo urbano tan contrastado es un nuevo sector de bloques residenciales de carácter rural, muy degradados tanto en sus espacios abiertos como edificados. En el sur de la isla hay un centro deportivo inaugurado en 1968 que pertenece al municipio de Saint-Ouen. A esta secuencia espacial y territorial hay que añadir los contrastes entre l calidad de los paseos arbolados de la isla y el urbanismo descuidado los polígonos comerciales y residenciales de los municipios de los otros lados del río.

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Estructura urbana de Ile-Saint-Denis

En ese ámbito es en el que hicimos un ejercicio de paisaje aquel 17 de junio 2015. Desde el ayuntamiento en el Quartier-Centre, nos distribuimos en dos grupos (cada uno guiado por una persona experimentada),  para recorrer dos partes de la ciudad: unos (entre los que me contaba) el tramo centro norte, el de la ciudad vieja, de viviendas unifamiliares con jardín, plaza y viejos cafés, y paseo arbolado en el tramo ancho del río con el puente de Saint-Denis con perspectivas sobre los polígonos de bloques; y otros el barrio Centro sur, el próximo a los depósitos e instalaciones industriales abandonados, donde está previsto el ecobarrio.  Y a juntos paseamos por lado del rio en Saint-Denis donde se ha instalado el centro comercial Leclerc y hay también bloques más recientes, algunos de arquitectura innovadora, sin trama urbana reconocible.

Se trataba pues de pasear juntos, personas de diferente procedencia geográfica y profesional, de intercambiar impresiones, percepciones y eventualmente propuestas, a partir de un cuestionario común, muy sencillo: las primeras impresiones (las tres palabras que más identificaran al paisaje, un olor, un ruido, una foto representativa de lo percibido, otras fotos de huellas perceptibles del paisaje de antaño, identificación de conflictos de paisaje, de lugares o elementos particularmente llamativos,  y de puntos de aparente bloqueo en la evolución urbana; y en segundo lugar, había que hacer sugerencias sobre cómo plantear la participación en ese contexto y dar pista para eventuales mejoras.  La apuesta metodológica radicaba, repito, en reunir impresiones de personas de ámbitos y experiencias distintas que descubren juntos un paisaje sobre la base de trabajo ya realizado.

El ejercicio era sin duda liviano, pero fue enormemente sugerente y creo que útil. Para algunos como yo, se trató sobre todo del descubrimiento de tantos contrastes yuxtapuestos, de yuxtaposición de calidad paisajística máxima y deterioro considerable, subrayado todo ello por un pasado y un presente obreros muy presentes en nomenclatura y tipos de viviendas. Como imagen de paisaje mayor se imponen sin duda los dos brazos del río, como ejes del conjunto subrayados por los paseos arbolados lineales, advirtiéndose también que no logran articular las piezas inconexas, sea por la historia territorial, sea por exigencias de la configuración natural.

El mismo día por la tarde, y antes de sacar conclusiones del ejercicio de la mañana,  en sesión plenaria, se presentaron los resultados de los trabajos previos de participación con distintos grupos de actores (residentes de diferentes colectividades, expertos de ordenación, científicos, artistas, sectores de actividad económica, administraciones públicas…). El trabajo había sido realizado y fue presentado por Monique Toublanc, de la Escuela Nacional de Paisaje, miembro del Comité Científico, y una de las personas que más han enriquecido mis ocho años en él. Como uno de los instrumentos de trabajo, habían llevado a cabo un juego de roles (en campo y en taller) para comprobar una doble hipótesis: que la visita conjunta facilita la confrontación de puntos de vista y que el paisaje es una buena clave para acercarse a la biodiversidad. Se comprobó, en primer lugar, la dificultad que tiene la gente para ponerse en la piel de otro, pero al mismo tiempo que el diálogo abierto enriquece y relativiza las propias ideas, sobre todo si se vuelve a discutir en un seminario lo constatado en el campo; y, en segundo lugar, que mientras para los expertos biodiversidad es riqueza de especies, ecosistemas, los demás actores lo interpretan fuera del registro paisajístico  y de acuerdo con sus preocupaciones.

En cuanto al taller de la mañana, se constató la absoluta diferencia de percepción entre los que habíamos hecho el recorrido por el centro norte y los que lo habían realizado por el barrio sur. Donde los primeros reconocíamos un pueblo urbano, ambiente de calidad, diversificación, los de sur veían bloques, planificación, ambiente opresivo y carencia de identidad. Pero hubo puntos en común: ambos grupos detectamos la mala relación entre el río y los espacios habitados, una planificación percibida como opresiva y dictatorial y un bienestar entendido como participación ciudadana en la gestión y concepción de los espacios públicos y colectivos.

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Ile de France. Barrio Centro Norte (Foto JGM 2015)

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Ile-Saint-Denis. Centre Nord. Vivienda unifamiliar de madera. (Foto JGM 2015)

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Ile-Saint-Denis. Paseo arbolado fluvial, péniches y bloques abiertos en Saint-Denis (Foto JGM 2015)

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Ile-Saint-Denis. Paseo arbolado fluvial, bloques abiertos en Saint-Denis (Foto JGM 2015)

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Ile-Saint-Denis. Desde Saint-Denis, barrio Centro Norte(Foto JGM 2015)

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Ile-Saint-Denis. Centro comercial del otro lado del río.

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Ile-Saint-Denis. Nuevas residencias (foto JGM 2015)

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Ile-Saint Denis. Nuevos bloques en la parte E (Foto JGM 2015)

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Colloque Paysage et Développement rural. Nubes de puntos de las dos visitas, Barrio Centro Norte y Sur

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Proyecto de Eco-Barrio en la zona sur Ile-Saint-Denis

Son muchos los proyectos pendientes que afectan a l’Ile-Saint-Denis que se inscriben todos en un marco de ordenación más grandes. Las dos ideas fundamentales son la de devolver coherencia a la estructura urbana uniendo los barrios central y sur a través de un ecobarrio fluvial donde están los depósitos y almacenes; y sobre todo, el de revalorización mutua a través del río y apertura de la isla a las ciudades de las otras orillas. Ese proyecto de reconquista del rio a escala del Gran París poniendo en valor sus riberas y paseos arbolados, es una ambición enorme que ojalá tenga éxito. Para ello, como se ha visto a través de ese ejercicio, los equipos de políticos y de profesionales deben ser cautos y contar con las poblaciones en la proyección y en el desarrollo.

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